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miércoles, 2 de julio de 2008

Tracy Chapman y mi primo

Tracy Chapman, Bob Marley y una canción lenta, muy conocida pero que nunca supe el nombre, fueron los tres temas que mi primo (mayor seis años) me grabó a los 10 años. Grabó las tres canciones en uno de esos casetitos con muy poca cinta que se usaban para cargar la Comodore (esto parece de la prehistoria); me los dio y yo me sentí muy grande. Era la primera vez que tenía mi propia "música de grande". Me los ponía a escuchar en un grabador setentero de mis papás lo más fuerte que podía y sentía que ya era un adolescente cool; aunque pasaron varios años hasta realmente serlo.
La canción de Bob Marley era No woman no cry, obviamente la escuché millones de veces más pero me quedó la sensación de conocerla de siempre. Tracy Chapman finalmente fue descubierta como tal hace unos años: en una noche romántica, P. la puso para musicalizar la velada, fue flayero volverla a escuchar en el contexto que había fantaseado hacia 15 años.
Creo que cuando mi primo me regaló los casetes fue una de las primeras veces que me sentí grande. Y fue una muy linda sensación. Mi primo muy lindo, muy canchero para mí, me trataba con respeto y me elegía como la especial de la familia: me contaba sus historias amorosas, me pedía que lo acompañe a fumar o me convidaba de la cerveza que siempre tiene en la mano. Los años pasaron pero lo que se construyó por ese empujoncito, casi simbólico, a crecer se tradujo en otros empujones y ayudas ya más del orden de la adultez. Pero siempre flayeados por habernos elegido primos y no haber devenido así, como pasa la mayoría de las veces en las familias. Nosotros nos elegimos hasta el amor y ahora charlamos profundo cuando no sabemos bien para que lado ir. Yo lo sumo orgullosa a mi lista de incondicionales, alegre de la indiferencia que me provoca los caminos tan distintos elegidos y un poco siempre agradecida por el impulso del empujón.

viernes, 20 de junio de 2008

Deshiladas cumpleañeras

Si hago memoria creo que recuerdo estos días de junio de cada año, es que son la etapa precumpleaños. En común tienen que empieza a hacer frío de verdad, es época de exámenes y fines de cuatrimestre. Yo siempre estoy pensando que hacer para festejar, lo del balance mucho no me cabe, en general prefiero dejarlo para fin de año, ahora está todo a medio camino porque es mitad de año. Siempre me gustan los cumpleaños cuando quiero hacer cosas grosas y cuando quiero pasar desapercibida también, lo que me gusta es esa demostración de cariño generalizada, intensiva y declarativa. Me gustan los abrazos, los brindis dedicados: obvio, me gusta ser el centro de atención. Este año es más raro todo por lo del cambio de década y siento que son un montón de años, que ya soy grande de verdad pero a la vez es como ridículo, como si en algún momento conté mal. Depende de donde me pare para mirarlo pero hay cosas que son idénticas que hace diez años. Me acuerdo perfecto de mi cumpleaños de 20, hice una fiesta en mi casa -que en ese momento era la de mi mamá- y un chico me encajo un beso desprevenidamente mientras pasaba del comedor al living. Me encantó ese chico durante años y creo que todo fue por ese arrebato. Me gustan los arrebatos. El chico que ahora quiero también me arrebató un beso. Siempre me gusta hacer fiestas y bailar para festejar, en general estoy tan ebria a la 1 de la matina que hago bastantes ridiculeces y como buena borracha que soy se me da por hacer grandes declaraciones de cariño. Los últimos años hice fiestas en mi casa con resultados disímiles. Hubo una que fue mi preferida: cumplía 26 y me había puesto un vestido azul con flores naranjas. Me sentía hermosa. Bailamos mucho y nos emborrachamos bastante. Hubo un pseudo casamiento con un amigo de la vida, no me puedo olvidar la cara de emoción de mis amigas –que oficiaban de testigos- por el juego casamentero. Finalmente la ceremonia se frustró porque entró el chico con el que dormía en ese momento, a poner un poco de orden y a marcar territorio. Tuve una fiesta sorpresa a los 21 y ninguna fiesta de disfraces. Ya es habitué invitar todos a comer lentejas que me salen ricas y llenan la panza de calor. Un par de veces salí a bailar y tomar drogas y fue hermoso momento alucinógeno. Este año voy a hacer un multifestejo porque no me decidía y quiero brindar muchas veces y con mucho contenido porque de tanta razón para festejar ya no me acuerdo ni cuales eran; pero lo seguro es que he acumulado anécdotas y fiestas y eso me pone orgullosa. El cumpleaños te tira de tu rutina, te atraviesa los días previos y consecutivos, te llena de regalos, te apretuja de besos, te halagan los abrazos, te perdona los caprichos y te permite el festejo. Salute!

sábado, 14 de junio de 2008

Dorothy y Kifky

Cuando era chica, bastante, el primer libro que leí sola fue El mago de Oz, me encantó. Creo que la identificación con Dorothy fue tan fuerte que quería encontrar un camino amarillo. A veces cuando me acostaba en mi cama esperaba que llegue un huracán para que me arrastre al reino de Oz (no sé porque cuando uno es chico los fenómenos meteorológicos podrían ser algo corriente y obviamente no se relacionan con lugares geográficos). El huracán no llego pero yo releí el libro varias veces hasta que me regalaron Dailan Kifki y entonces...bueno quería un elefante de mascota; un elefante que sepa volar. No es que confundiera la ficción con la realidad pero quería que mi realidad se ficcioalice. Creo que ese deseo fue tan fuerte que se arrastró por los años; fantaseé tanto que hubo tiempos en los que dudaba si algo había sucedido, lo había soñado o lo había fantaseado. Me abstraía con mucha facilidad del corset lineal y estallaban posibilidades mejores. Yo era mejor en esas fantasías. Hasta que todo se diluía en una sola confusión. A veces sufría por esto y otras era pura libertad. Con los años fui tratando de contenerme porque bajaba del ensueño muy duramente y sufría bastante. Había una tendencia no tan amigable de preferir pensar a vivir y eso en algún momento hubo que desecharlo. Pero todavía destruyo algunas realidades para convertirlas en caminos amarillos y eso me pone orgullosa.